Seguidores

Traductor.

jueves, 21 de mayo de 2015

.

Duele. Duele la ausencia, duele el frío, duele el no saber, o no querer, o no querer saber. Duelen las puertas abiertas por las que se cuelan, esporádicamente, resquicios de esperanza. Y duele matarla, pero también duele dejarla viva. No hay nada más adictivo que la esperanza, y tampoco hay nada tan cruel. Es como un pájaro que se ilusiona cada vez que su dueño le saca a volar por el pasillo, aún sabiendo que siempre ha de volver a la jaula, que su realidad es lo que se ve en ese lado de la ventana y el mundo exterior tan sólo un espejismo dibujado en un cuadro. Como yo. Yo, ilusa. Yo, tonta. Yo, ingenua. Yo, idiota. Yo, imbécil. Yo, inserteaquícualquierobjetivosinónimodelosanteriores. Yo, como un perro cuando le aflojan la cadena y joder, de repente el dueño ajusta otra vez la correa y ahí se queda el perro, casi ahogado por la cuerda. Esos perros con correas "mágicas" siempre me han dado tanta lástima como miedo (y creedme, eso es mucho). Yo, que me creo que dejo atrás todo lo que hace daño y de repente, ¡zas! Realidad aparece y me siento ilusa, ingenua, idiota, imbécil y un largo etcétera de adjetivos detestables. Joder. Si es que hay dolores que nunca dejan de doler.

jueves, 29 de enero de 2015

#Inexcusable

Bloqueos.
Los conozco, demasiado bien. Eso de no saber qué, cómo, dónde, con quién. Eso de no entender por qué. La incapacidad de identificar un sentimiento, lo de sentirse piedra (y aún así, romperse). Tal vez necesite tiempo para el auto-análisis. Instrucciones para la reconstrucción. Pero, ¿cómo voy a ordenarme si ni siquiera estoy convencida de estar desordenada? Ojalá fuera más sencillo eso de entenderse. Alguien me dijo que no hacía falta tener un destino para viajar, pero a veces sigo echándolo de menos. Ese lacito que cierre la cajita una vez que todo esté dentro, o ese punto y final de la historia que aún no se ha escrito.
A veces dejarse llevar es agotador.
Yo que sé. Hace tiempo que aprendí a entender eso de que todo tiene varios lados. Que te acuchillen te ayuda a entender que la sangre desaparece. El dolor no es más que un estado transitorio. Viajar sin rumbo y con los ojos cerrados. Improvisar. Dejarse sorprender. Pero renunciar a la seguridad de tener una cuerda a la que sujetarse, una cama en la que quedarte a dormir.
Pensar también es a veces agotador.
Y agotarse, inevitable.

jueves, 22 de enero de 2015

#Nada lo tiene

Si no hay distancias, las crea. Complica las cosas para justificarse a si misma si salen mal. Nunca reconoce necesitar nada para no tener que admitir sus carencias si no consigue cubrir esa necesidad. Para no sentirse desnuda (desnuda por dentro). Oculta tanto como muestra. Confunde querer y no poder con poder y no querer. Se pierde y se encuentra. Avanza en círculos, despacito, sin parar. No sabe parar. No quiere parar. Mezcla de impulsividad y necesidad de pensar todo constantemente (hasta el infinito y más allá). Jamás obtendrá un diploma en auto-engaño, su quiero y no puedo. Huye de si misma hasta que se da cuenta de que siempre va consigo. Egoísmo emocional. No quiere y no puede evitar. Se rompe, se rompe, pierde fragmentos. (Auto) D-e-s-t-r-u-c-c-i-ó-n. Invisibilidad, amargura, soledad. Indiferencia ansiada, imposible, impasible. No tiene sentido. Nada lo tiene.

#Llega el caos y después, todo lo demás

Me pregunto si puedo ordenar cada una de mis palabras. Si merece la pena entender mis sentimientos y etiquetarlos para que no haya lugar a dudas, aunque esto suponga eliminar quizás los matices más importantes. Establecer un modelo de conducta y cumplirlo a rajatabla. Pero soy incapaz. Por eso me guío por impulsos y enredo los cables lo suficiente como para esconderme en ellos. Juego con fuego hasta quemarme esperando que alguien lo apague antes de que me convierta en polvo. Vivir el momento, solucionar así todo. Yo siempre tan emocionalmente inaccesible hasta que dejo que todo me desborde. Entonces llega el caos y después, todo lo demás

lunes, 12 de enero de 2015

#Y otra vez frío

Se me pone la piel de gallina. Puto frío. Miro por la ventana y todo es oscuridad. Y me sumerjo en recuerdos y pensamientos intentando analizar mi mente, intentando averiguar por qué me importas, sintiendo miedo de perderte. Necesitando volver a estar entre tus brazos y tratando de alejar esa idea de mi cabeza: no quiero depender de nada, me asustan las cuerdas que me atan a tí, me aterra no poder romperlas cuando yo quiera. Respiro y pienso que es mejor no pensar. Escucho la música más extraña que encuentro en mi ordenador. Así mi habitación se transforma en mi mundo: un mundo raro en el que estoy empezando a echarte de menos.

lunes, 5 de enero de 2015

#Queridos Reyes Magos...

Primero de todo, perdonad que sea tan poco original. Sé que últimamente todo el mundo os utiliza de excusa para contarle al mundo qué es lo que quieren ser, pero no se me ha ocurrido otra cosa mejor, así que tendré que empezar de este modo. Podría ser un poco hipócrita y pediros que acabéis con toda la pobreza del mundo; no digo que no me gustaría, pero no puedo pedir algo en lo que sólo pienso cuando ocurre algún tipo de catástrofe, así que no voy a pediros eso. También podría elegir como regalo terminar con toda esa gente que vive en las calles de mi ciudad y de toda España, ahí sí, ahí sí me parto un poco cuando paso por su lado, pero para qué mentir, podría invitarles a mi casa y como mucho les doy un misero euro, dos a lo sumo, y casi siempre es para no sentirme culpable por ignorar las desgracias que me rodean. Voy a pedir algo para mi, porque como ser humano que me ha tocado ser, soy egoísta. Traedme un saquito de ganas para salir a buscar todo aquello que quiero encontrar. Ganas de ser valiente, ganas de ser capaz, ganas de entenderme a mi misma, ganas de tener ganas. Un saquito del que pueda tirar si en algún momento me faltan las fuerzas, me asusto y ni siquiera quiero salir corriendo. Y... a poder ser, un poquito de ilusión. Ya sabéis que soy especialista en eso de perderla, últimamente hasta me da miedo: es como ganar continuamente, pero no conseguir nada. Por desgracia, nunca es siempre la primera vez. Ah, y si podéis, también haced que nunca deje de sentir mucho y muy fuerte, ni siquiera cuando lo deseé con todas mis fuerzas. Creo que no necesito nada más. Seguramente, no he sido lo suficientemente buena. He roto demasiado, he pensado poco. Espero que con eso os baste. Yo, por lo menos, creo que me lo merezco.

#Invisibilidad

Invisibilidad. Desaparecer por unos momentos. Sólo cuando el mundo parece asfixiarte. Cuando incluso los susurros se escuchan de forma muy fuerte en tu cabeza y las caricias ahogan. Cuando el contacto físico quema. Invisibilidad, volverme diminuta hasta dejar de existir cuando el mundo crea que conocer a alguien es simplemente verle sonreír. Si pudiera elegir un súper-poder creo que, sin duda, elegiría ese.

#(Puñetazos al cristal por escrito en una noche de Domingo)

Hoy ni siquiera yo me aguanto.
Necesito un abrazo.
Ojalá volver a ser tan cobarde como para no ser capaz de reconocerlo, o tan valiente como para no necesitarlo.
Me he metido en la ducha y he abierto el agua caliente al máximo. No sé si dolía más el calor o la presión. He disfrutado mientras se me enrojecía la piel y he decidido etiquetar a esa sensación como "autolesión sana". Más o menos como escribir, pero no implica pensar. Me gusta. He parado a tiempo, por supuesto.
Necesito un abrazo.
Jamás pensé que enlazaría esas dos palabras: necesitar (miedo) y abrazo (debilidad). Debilidad y miedo. Todo lo que nunca jamás quiero ser. Pero sí.
(Al llegar aquí he roto al llorar. Lo necesitaba. Todos necesitamos hacerlo alguna vez. Llorar y secarse las lágrimas es hacerse mayor. No intentar evitar las emociones es de valientes. Repítetelo delante del espejo las veces que hagan falta. Hasta que te lo creas)
Volvamos al tema. Quizás el error está en la asociación de conceptos. Necesitar no es de cobardes. Cuando te abrazan tú también abrazas. En las relaciones humanas recibes, pero también das. Das. Mentalizate de ello. Recuérdalo incluso en los días que sientas que no puedes ser nada bueno. En los que sientas que nada puede salir bien. En los que te consideres tan, tan insignificante como para no poder cambiar ningún mundo, el de nadie. Días de "ojalá desapareciera y todo esto fuera como si yo nunca hubiese pasado". Seguramente sería así, pero eso nos pasa a todos y no pasa nada. Somos prescindibles y tampoco pasa nada. Sabemos llorar un poco, pero siempre encontramos las fuerzas para sonreír, aunque sólo sea por la suerte que tenemos por el simple hecho de existir: sonríe.
Me estoy desbordando de emociones. Buenas y malas. Y no quiero frenar, me da miedo frenar. Me da tanto miedo el bloqueo como el naufragio; me asustan las alturas y no ser capaz de salir del agujero. Me da pánico el mundo y me doy pánico yo.
Una vez confesé que tenía miedo a sentir por si lloraba tanto que no podía evitar ahogarme. Pero joder, sé nadar. Y me lo quiero creer. No mañana, me lo quiero creer hoy.
Supongo que no tenía que haberme permitido el lujo de quedarme encerrada con mis pensamientos, pero es que hoy no me apetecía ser cordial con nadie.