Entiendes tantas cosas. Esperamos que las cosas cambien y no hacemos nada para que eso ocurra. Actuamos bajo efectos secundarios, siempre.
Bebemos y nuestra vergüenza desaparece, de inmediato. Tenemos miedo y buscamos ayuda. Estamos enfermos y hacemos todo lo posible para recuperarnos.
¿Y entonces? ¿Por qué cuando deseamos algo no hacemos nada para conseguirlo? ¿Acaso no son suficientes estímulos querer algo, alguien con todas nuestras fuerzas?
Quizá porque confiamos en alguien, en algo... en el DESTINO. Nuestro fiel acompañante, amigo, consuelo... Enemigo muchas veces, odiado muchas otras... Pero siempre confiamos en el. Pase lo que pase le rogamos que nos devuelva personas, sentimientos, emociones... Que logre revivir recuerdos...
Así como le rogamos, recibimos ilusión, esperanza... Esa fe ciega de que volverás a verle... Si, serás feliz...
Sentirás lo mismo, abrazarás a ese amigo, todo se solucionará...
Y al final, ¿cuánto tiempo esperamos? ¿Recompensa?
Tal vez esa fe ciega, ese destino amigo nos impide conocer otros caminos...
¿Vale la pena esperar por algo, por alguien? A veces prestamos tanta atención a algo que descuidamos lo que tenemos a nuestro alrededor. Y finalmente, ¿qué nos queda?

No hay comentarios:
Publicar un comentario