Por esas personas que están contigo en las buenas, solo en las buenas. Por esas personas que tratan de que perdones todo, pero luego ellas no perdonan nada. Por esas personas que solo son capaces de decir lo que piensan a través de murmullos, dejándolo caer. Por esas personas que te dejan de lado por el sexo opuesto. Por esas personas sin opinión propia, personas que parecen camaleones adaptándose en cada momento a la situación, y adoptando la personalidad que les conviene. Por esas personas que te sonríen y les duele. Por esas personas que son capaces de pisar a los demás con tal de conseguir lo que quieren. Por todas y cada una de esas personas que vivirían de cine solas, de una manera individual, con la única pega de que no tendrían a nadie a quien restregárselo y presumir de sus logros. Que vivan. Que viva el individualismo, el egoísmo y las apariencias. Que viva lo falso, lo oculto, el cumulo. Porque cuando el egoísmo es más grande que el cariño que se tienen dos personas ya no hay nada que hacer. Esto estaba tocado, muy tocado. Y ahora... Ahora ya está hundido.
La confianza es algo que tarda años en construirse, y puede ser destruida en una sola acción. Diecisiete son los años empleados en construir esta, y a penas un par de acciones en destruirla.
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domingo, 29 de junio de 2014
#Frozen
La distancia no la hacen los kilómetros, la hacen las personas.
Existen diferentes tipos de distancias, la que se mide en kilómetros; y el sentimiento que se crea entre dos personas cuando comienzan a separarse. Por eso, no es lo mismo la absurda distancia de tu casa a la mía, a la que creas entre nosotros.
Y cuidado con la distancia, que dicen que hace el olvido.
Existen diferentes tipos de distancias, la que se mide en kilómetros; y el sentimiento que se crea entre dos personas cuando comienzan a separarse. Por eso, no es lo mismo la absurda distancia de tu casa a la mía, a la que creas entre nosotros.
Y cuidado con la distancia, que dicen que hace el olvido.
#No me gustan los cambios.
No me gustan los cambios. No cambiaría lo bueno que tengo tenía por nada. Si algo está bien, ¿para qué intentar mejorarlo? Puede que nos equivoquemos y todo vaya a peor. Y en efecto, cuesta abajo y sin frenos. Gran parte de lo que quería, por no decir todo, ha cambiado. Ha cambiado, muy a mi pesar. Hemos seguido adelante, hemos crecido, han llegado los cambios. Los cambios en el deporte, la pareja, los amigos y los estudios. Todo. Y todo a mal. Lo que me gustaba ya no me hace feliz. Lo que me hace feliz se enfría a velocidades vertiginosas. Lo que me daba miedo ahora me aterra. Las personas que estaban ya no están.
Y ¿qué puedes hacer tú frente a los cambios? Nada, porque esos cambios son irrevocables, es prácticamente imposible devolverlos al estado que tú quieres. De nada te sirve llorar o morir de rabia, no puedes hacer nada. Solo soñarlo, soñarlo una y otra vez, cada noche. Supongo que ese es el mejor momento de mis días, el momento en el que todo sale bien. Casi siempre.
#Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
Pablo Neruda.
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